Un dividendo es la parte de los beneficios que una empresa decide repartir entre sus accionistas, en vez de reinvertirla en el propio negocio. Si tienes acciones de esa empresa, te corresponde una parte proporcional a cuántas tengas.
Cómo se cobran, en la práctica
Las empresas que reparten dividendo suelen hacerlo con cierta periodicidad (trimestral, semestral o anual, según la empresa y el país). El dinero llega directamente a tu cuenta de valores, normalmente sin que tengas que hacer nada — tu broker lo abona solo.
Un dato útil para comparar empresas: la rentabilidad por dividendo (dividend yield) es el dividendo anual dividido entre el precio de la acción, expresado en %. Sirve para comparar el "sueldo" que reparte una acción frente a otra, independientemente de su precio.
El mito que hay que desmontar: el dividendo no es "dinero gratis"
Esto sorprende a mucha gente que empieza: el día que una empresa paga dividendo, el precio de la acción baja automáticamente en una cantidad similar al dividendo repartido. Tiene lógica — la empresa literalmente ha sacado ese dinero de caja, así que vale menos que el día anterior.
Es decir: cobrar un dividendo no es que "aparezca" valor de la nada. Es simplemente convertir una parte del valor de tu acción en efectivo en tu cuenta. Ni mejor ni peor, pero conviene entenderlo para no pensar que estás ganando algo extra de forma mágica.
Reinvertir o no reinvertir
Muchos inversores optan por reinvertir automáticamente los dividendos (comprar más participaciones con ese dinero, en vez de gastarlo), para aprovechar el efecto del interés compuesto a largo plazo.
Cuidado con perseguir el dividendo más alto
Fiscalidad, en breve
En España, los dividendos tributan como rendimiento del capital mobiliario en el IRPF, con independencia de si los reinviertes o no — Hacienda los considera cobrados en el momento en que se abonan. La cantidad exacta depende de los tramos vigentes cada año, así que conviene revisarlo en la Agencia Tributaria o con un asesor fiscal.